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sábado, 9 de noviembre de 2013

En la calle


Sangra el corazón, caen las lágrimas, al ver que esta sociedad está ciega de hipocresía.
Cuerpos en la calle lluviosa, esperando que un alma les tienda su mano, esperando que sea hoy su día de suerte, pero no, simplemente miran hacia otro lado movidos por lo "normal" de la vida.

A caso en la constitución no dice que toda persona tiene derecho a una vivienda digna?

Qué llaman a ellos digno cuando le giran la cara a la gente que duerme en cartones?



Salen del supermercado y un hombre se acurruca en la esquina de la puerta para que el frío no le cale más de lo que ya lo ha hecho. La gente pasa, entra y sale, sin ni siquiera decir un Buenos días. También han perdido la educación. Pero siempre hay una excepción, una señora le saluda, con su flamante sonrisa. Hoy ya ha sido un día distinto. El tiempo pasa y la vida sigue, sigue la vida de las personas que la tienen, pero acaso es vida vivir esperando por un trozo de pan?

Sigue corriendo el reloj y la señora sale, un ángel piensa, se agacha y le tiende una bolsa, en ella una barra de pan y fruta fresca. Le sonríe y le dice:

- Hoy por ti, mañana por mi. Que tenga un buen día, señor.

Se le iluminan los ojos, no sabe como agradecer que existan los ángeles en esta tierra y de su boca solo una frase sale:

- Gracias. Dios la bendiga, Ángel de la Guarda!

El tiempo se ha detenido, contempla como se aleja y vuelve a fijar su vista en la fruta, la coge con cuidado, como si de cristal se tratase, la toca, como si no creyese que es real. Su boca muerde la redonda manzana y la come despacio, dándole gracias en cada mordisco.

- Hoy sí ha sido mi día de suerte.