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domingo, 26 de mayo de 2013

I got the power


Los problemas son pruebas en esta vida, pruebas que te hacen ver hasta que punto eres capaz de llegar, hasta dónde eres capaz de aguantar, pero...

¿Y si no eres capaz de aguantar? ¿Entonces? ¿Qué pasa entonces?

Los problemas se acumulan como si de papeles en un escritorio se tratasen, como si fuesen un tema pendiente, como un trabajo que se acumula y acumula...

Escapar de ellos no es la solución, NO, no conseguiremos quitar esa montaña de papeleo, no conseguiremos zanjar el tema, no conseguiremos terminar el trabajo.
¿Quién es el que puede solucionar todo eso?



Enfrentarse a los problemas y decidir que hacer, es lo que nos hace avanzar y crecer como personas.
No será fácil, no será un camino despejado, NO, habrá que reflexionar y reflexionar hasta decidir que solución coger. Quizás las opciones no sean las deseadas, ni las más convenientes, quizás nos equivoquemos al tomarlas pero solo entonces podremos decir que lo hemos intentado.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Partida

La estación estaba poco ajetreada a esa hora pero el corazón le latía a mil, miraba de forma insistente la pantalla del móvil que tenía en las manos, en ella un mensaje:

"Estoy en los andenes."

Seguía mirando ese mensaje, como si apartar la vista por un instante pudiese cambiarlo sin que se diese cuenta.

La gente pasaba a su alrededor pero no la miraban, pasaba inadvertida para todos, cada uno preocupado de sus problemas y con la vista fija en ellos.

Una sombra negra se paró a su lado, sabía quién era, sabía que su corazón empezaría a latir con más prisa de la necesaria. Se volvió y lo abrazó, lo abrazó con fuerza, deseando que no se escapase, deseando que ese momento fuese eterno. Escondió su cara en el vientre de él y comenzó su llanto.
Él la rodeó con sus brazos, fuerte, muy fuerte, mientras le besaba el pelo con mimo, llorando.

Se separó de ella y la atrajo hacia uno de los asientos, se sentó y ella lo volvió a abrazar, enredando sus dedos en el cabello de su nuca, acariciándolo. Los dos se separaron un instante y un beso llegó a los labios de ambos, el primero de muchos. La rodeó con los brazos, atrayendo la hacia él para respirar su aroma, consciente de que quizás fuese la última vez.

Se miraron, frente con frente, nariz con nariz. Tomaron un poco de espacio entre ambos y ella se desabrochó la chaqueta, sacó un regalo... era suyo, era de él. Lo cogió de sus manos, lo examinó, lo besó y lo llevó de regreso a su sitio. La abrazó, hundiendo su cara en su pecho, besando la piel que su escote dejaba ver. Ella besó y acarició su pelo, enredando sus dedos a su paso, en un movimiento tranquilizador. Él se enderezó, bajó la cremallera de su chaqueta y le mostró su recuerdo. Un breve suspiro se escapó de la boca de ella y agarró su cara con ambas manos; le besó, insistente, anhelante, deseosa de él, de su boca. Las lágrimas no dejaron de cesar.

El tiempo pasaba, sin que se dieran cuenta. Él le ofreció sentarse en su regazo, ella aceptó encantada; cara con cara, cuerpo con cuerpo, cerca, muy cerca, tentadoramente cerca... un largo beso los unió, consumando una pasión retenida. Sus labios se fundieron, acompañados de sus lenguas juguetonas... un leve mordisco.

No se percataban si la gente miraba su pasión, no les importaba, solo estaban ellos allí, en su burbuja, aprovechando el último aliento.

Caricias, besos, sollozos, lágrimas...



Él la elevó en el aire mientras la besaba, ella le rodeó la cintura con sus piernas y se sujetó con los brazos a su cuello. No quería dejarle, no quería que terminase ese instante... pero tenía que coger su billete. La bajó y se miraron de nuevo... un beso de esquimal.

Poco tiempo quedaba ya, el tren saldría pronto y ella debía subir. Después de coger el billete, caminaron abrazados hacia el vagón. Se miraron, las manos de él alzaron un poco la cara triste de ella, la acarició y la besó. Ella le rodeó el cuello con sus brazos, para prolongar ese último beso... ¿El último? ¿Sería el último? Se separaron, se miraron un segundo más y ella subió al tren, sin mirar atrás, sin mirarle. Las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. Buscó su asiento y miró por la ventana, él seguía esperando a que partiese. Los minutos parecía que pasaban cada vez más despacio, prolongando la agonía de ambos, prolongando ese espantoso dolor.

En las manos de él, el recuerdo; en las manos de ella, el regalo.

El tren ya iba a ponerse en marcha y ella apoyó su mano en el cristal, él hizo lo mismo desde el otro lado, seguían mirándose con palpable tristeza. Lágrimas cristalinas seguían apareciendo.

"Te quiero"

Le dijo ella moviendo sus labios. Separaron sus manos. El tren se puso en marcha.