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jueves, 24 de enero de 2013

Fantasía 1

La habitación estaba oscura, solo la lugubre luz de un despertador digital hacía visible tenuemente el cuerpo de ella. Él, hambriento de su ser empezó a despojarla de la ropa que cubría su piel. Sus manos se deslizaban suavemente por debajo de las prendas, acariciándola, arrancándole suspiros, jadeos… en poco tiempo no había rastro de las susodichas prendas.

Se alejó un poco de ella y cogió algo de una bolsita de plástico que estaba encima de la mesita, comenzó a decorar su cuerpo con las diminutas grajeas, haciendo dibujos de colores en su desnuda piel. Satisfecho con su trabajo, cogió el bote que estaba al lado de la bolsita de plástico, abrió su tapa y comenzó a dibujar líneas con el líquido que de él salía, uniendo los puntos que las grajeas hacían como si de un pasatiempo se tratase. Dejó el bote en donde lo había cogido en un principio.

Se dirigió hacia ella de nuevo y comenzó a lamerle el cuello, siguiendo la mandíbula hasta el lóbulo de su oreja, se lo metió en la boca, chupándolo y le pegó un pequeño mordisco, juguetón.
Ella permanecía quieta, intentando no desvanecerse con cada roce, con cada respiración que él hacía en su cuello, no quería estropear lo que había dibujado.



Dejó su cuello y comenzó a bajar por su pecho, lamiendo todo el sirope que segundos antes había estado haciendo un dibujo en ella. La primera grajea entró en su boca, llevándose consigo el pezón de su pecho derecho. Un jadeo…

Miró hacia sus ojos y prosiguió su descenso, lamiendo su otro pecho, su pezón. Otro jadeo…

Atrás iba dejando restos de sirope sin lamer, pero no le importó, la tendría toda la noche para poder saborearla con calma.

Se acercó a la mesita de nuevo, cogió el sirope otra vez y llenó su ombligo hasta que salía por fuera, cogió una fresa de un tarro y la hundió en el sirope tapaba su ombligo, lamio lo que se iba escurriendo por sus curvas y con un movimiento rápido comió la fresa y comenzó a chuparle el ombligo provocando una inesperada y placentera sensación en ella que se estremeció de pies a cabeza.

Se levantó, mirándola allí echada y se acercó a sus labios, besándolos y manchándolos a su paso con el sirope que le quedaba en su boca. Las manos de ella hicieron ademan de levantarse para atraerlo pero él fue más rápido y la detuvo, agarrando sus muñecas. Besos frenéticos, cargados de ganas de algo más que mero juego, pero esta noche ella debía ser sumisa, debía dejarse hacer, disfrutando de cada caricia proporcionada.




No se demoró más, bajó encendido hasta terminar con su ombligo, descendiendo levemente mientras comía las grajeas que había puesto anteriormente. Primero una pierna, suave, tersa, luego la otra, lamiendo, acariciando a su vez.

Una gota traviesa empezó a descender por su muslo, incitándole a él a frenar su camino, pero no lo hizo, esperó, mirando que trayectoria cogería. Serpenteaba lenta por su piel, dejando un rastro tras de sí, fue borrándolo, provocando que ella agarrase las sábanas. Sonrió y sopló un poco para ver su reacción, las manos de ella apretaron un poco más. Lamió la gota y con ella se llevó un profundo gemido. Ella ya hacía rato que había cerrado sus ojos, disfrutando del vicioso juego pero no aguantaba más, no podría reprimirse más, lo deseaba.

No se hizo esperar, separó sus piernas y comenzó a lamer una zona más íntima, haciendo que ella se retorciese de placer.